Estoy
harto de hacer las compras. Estoy parado en la fila del supermercado. Miro mi
celular, ya pasaron diez minutos y no puedo pagar las compras. Creo que llevo
todos los productos de la lista. Siempre agrego cosas que no anotamos. Miro a
mi alrededor. La gente llena los carritos con papel higiénico. Suspiro. No me
agrada hacer las compras. Estoy parado cerca de la caja, a dos personas por
cobrar y llegará mi turno. Particularmente no me agrada ir al supermercado. Veo
una caja de bombones en la góndola de golosinas. Están puestas a propósito,
para que los clientes se tienten y lleven golosinas, o para que los niños
lloren a sus padres por algún dulce. Odio las filas, los espacios llenos de
gente, la espera sin sentido. – Disculpe señora, pase. – digo amablemente. Cuando
estoy de buen humor suelo ir a al supermercado con mi pareja. Miro la caja de
bombones nuevamente, no está cara. Disfruto de hacer las compras con ella.
Jugamos, damos vueltas, y vueltas por los pasillos. Planeamos nuestras comidas
semanales. Imaginamos almuerzos o cenas. Casi siempre terminamos llevando los
mismos productos. Recuerdo no haber comprado pollo. Aunque a decir verdad no me
gusta el pollo del supermercado, siempre está congelado. Ser un adulto
independiente, tiene sus ventajas. Podes comprar y darte pequeños lujos o
gustos. Voy a comprar el pollo en la carnicería de la vuelta. En los tiempos
que corren, darse gustos es un lujo. Disfruto mucho de nuestros lujos. Nos
regalamos productos sin sentido. Ella adora el chocolate, a veces le llevo una
caja de bombones. A ella le gusta cocinarme, casi siempre me lleva una caja de
bizcochuelo. Llevo una caja de bizcochuelo, sé que disfrutará de hacerlo.
Disfrutamos de vernos sonreír. Ver la alegría del otro por nimiedades. Son
pequeños mimos, gustos o lujos. La riqueza se aloja en la sonrisa del otro.
Llevo la caja de bombones. Es mi turno de pagar.
Estoy parado en la fila del banco. Es media mañana. El otoño se siente, el sol es tibio y la brisa es fresca. No soporto usar barbijo. Uso lentes y estos se me empañan. Escucho a la señora que está detrás de mí. Habla por teléfono a los gritos. Esta consigo un nene de unos seis años. La señora lo agarra del brazo y acerca a su cuerpo. El nene esta aburrido. Me mira. Está triste. Me lo dicen sus ojos. Le sonrío tímidamente. No puede ver que le sonrío. Ahora no tenemos rostros. Todos somos trozos de tela. Bandidos o forajidos del lejano oeste. – estoy con miguel, en la fila del banco. – dice su madre, mientras aprieta el hombre del pequeño. Él esta con la cabeza agachada. La madre continúa hablando por teléfono. Se queja de la cantidad de tarea que tiene que hacer. No entiende por qué no dejan de molestar. ¿No saben, acaso, los maestros que ella tiene otras cosas que hacer? Se queja de su hijo, de su comportamiento. No sabe cómo ayudarlo. Se porta cada vez peor. No se conce...
A veces me pregunto que es lo que estaras haciendo cuando no te veo... y luego veo esto... estas aqui escribiendo, conmigo, unido a mi con tus pensamientos. Te amo
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